miércoles, 16 de marzo de 2016

Una historia propia

Una historia propia.
Tengo 26 años. A los 20 pesaba 160 kilos. Años de ir y dar vueltas y justificaciones a pensamientos que me debilitaban y me separaban. Todo se volvió frustración y la angustia oculta se tapaba con comida.
De a poco sentí amor y algo que me impulsó a cambiar sin siquiera darme cuenta. Quería ser actor. Me esforcé y comencé a hacer dieta y ejercicio, cada vez quería un poco más. Ingresé en la Escuela de Teatro y ese fue mi punto de ruptura. Había dejado la dieta un año antes porque me habían dado pastillas para poder ayudarme con mi obesidad mórbida (más del 60% cuerpo es grasa) las pastillas me ayudaron pero con costos. Todo lo que da algo quiere algo a cambio.
Al final de mi primer año en la Escuela de Teatro terminé con la decisión de cuando egresara lo haría en el papel de galán. Era un reto - con bastante carga de ego supongo - para poder bajar de peso y construirme un mejor cuerpo. Poco a poco mi camino fue encontrando gente que quería como yo, que pensaba, que quería una libertad pero su libertad era diferente. Su libertad implicaba sometimiento y no cariño. La gente quiere ser modelada pero lo niega si les preguntas.
Me alejé de esas personas con mucho dolor y angustia. El tipo curó las heridas. En la obra del último año de curso mi papel fue de galán, y recordé mi deseo y mi reto cuando todo había terminado. Me fui bastante lejos, por poco tiempo. Volví a mi ciudad y mientras volvía acompañado por una mujer con la que nos amamos, con la que buscamos juntos, con la que me une una amistad intangible, elevada.
Volví y mientras ella dormía con su cabeza sobre mi hombro en el colectivo me pregunté ¿De que sirvió el viaje? ¿De qué sirvió el tiempo que dediqué a buscar otras carreras, para taparme, para ahogarme las ganas, el deseo y mis sueños de querer cubrirme?
Por el viaje, por la experiencia.
Hoy lo valoro mucho. Ahora sé varias cosas pero por sobre todo soy una: Un artista.
Bueno, malo, regular. Lo que sea... Mas no puedo parar mi voluntad creadora, mi voluntad destructiva y mi voluntad de preservación.
Todo el viaje valió el disfrute y ahora me veo en la necesidad de mirar atrás y reflexionar. De retomar viajas costumbres para volverme mejor persona.
Sigo sin llamar a amigos para decirle que quiero verlos, sigo dejando obligaciones y personas de lado, sigo siendo un tonto en muchas cosas. Nunca me olvido de ustedes, nunca los niego.
Por nuestra vida pasan muchas personas algunas más significativas que otras, algunas nos hacen caricias, otras nos pegan. Todo nos construye y si nos sentamos y miramos para atrás, ese momento es tiempo de respirar - respirarlos - y devolverles un suspiro, un gesto de cariño, un gracias, perdón y hasta luego.
Girar los ojos, luego la cabeza y el tronco y continuar en una nueva dirección por ese camino que se hace de pasos, de afectos, de miedos, de superaciones, derrotas, fuegos, amistades, traiciones.