jueves, 16 de octubre de 2014

Somnolencia

El tigre es ojos sin secreto, una verdad ahogada en el cuello.
Seguiría durmiendo, creeme. No sé qué estoy haciendo.
Tal vez y sólo tal vez agonía y esperanza sean sinónimos.
Sé que tus ojos son sinónimos de sueño. Quizás por eso quiera seguir durmiendo... porque están allí conmigo sin estar y sin que tu presencia me duela.
Tu cuerpo de ensueño todavía no lo he creado, tan sólo en fantasías. Pero fue, se voló como hojas marchitas... no se van. Se amontonan como los deseos en un rincón del cuarto.
Desarrollé un placer especial por dormir con piedras sobre el cuerpo, no te confundas, no es una tumba. Las piedras se calientan con mi calor. Me siento menos solo.
Dormir, dormir. Somnolencia. Seguiría durmiendo, creeme, para no pensar en vos, para no dedicarte estas pocas pero copiosas palabras.
Siento perfume a jazmín. No hay ninguno.
No sé que hago en casa, no sé si elijo bien... no sé como ser determinante con mi decisión. Dormí como diez horas y seguiría.
Narcosis eterna ¡Que ganas! Me tiemblan las manos de sólo pensarlo, me tiemblan los ojos, se me caen los párpados y salgo volando como flecha a ese paraiso de verde, a ese rincón de los abrazos donde un cuerpo tuyo me aplasta, me sonríe, se deja caer pesado sobre mi. No es una piedra, es una montaña. Me respira en el cuello, el perfume y el sudor se confunden y esta vez no me punzás con frases dañinas y ésta vez no tengo miedo de tocarte, de fallarte, de hablarte.
Un paraíso con gusto a frutilla y flores marchitas llenas de color, como tributos a sus escalones, a sus círculos de piedra.
Una madrugada bailaste sobre mi premonitoriamente, para no caerme en la oscuridad helada del cuerpo me aferré a tus tetas, a tu boca. No pude sostenerme por siempre... caí a eso de las cinco de la mañana.
Vida acopiada en un rincón de mi, que no puedo sortear.

Agua.
Arena.
Puente.

Ahora los párpados cáen y vienen con un susurro gentil y mortificador: La esperanza es el peor de los males.

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