sábado, 18 de octubre de 2014

Bajándome de un proyecto

Hoy no voy.  No me siento motivado, no entiendo para donde va el proyecto, qué pretendemos hacer con eso.  Hay cosas que me interesan de la propuesta la parte plástica el armado escenográfico por parte nuestra y cómo se aborda ese lugar, como se rompen las situaciones, la forma de improvisar sobre determinados temas. Son elementos en los cuales quiero profundizar y que por fuera del espacio noto que los aplico, pero adentro es mucha información, mucha vuelta y vuelta y no pararme en nada hace que no sepa para donde ir. Somos novatos en nuestros roles, queremos saber y necesitamos la confianza del otro. Confiar, tener fé de que eso va a funcionar. La verdad es que me sorprendí mucho y le di mucha importancia a las devoluciones de la muestra, comprobé que lo que uno propone es interesante pero que la lectura lo define, por lo menos para el espectador es definitiva. Me quedo con eso y otras cosas, no estoy abandonando el grupo pero no quiero seguir como actor en este proyecto en particular porque no me siento que esté disponible para tener esa confianza en eso a lo que querés llegar. Tengo mi búsqueda personal muy fuerte y al no poder materializarla en otro lado estaría intentando hacerlo en ese espacio y no serviría de nada. Sería una batalla de poder, lo que se dio pero de lo que ahora soy consciente. No quiero eso para nosotros prefiero tener un lugar pasivo en el cual ayudar donde y ver como me decanta toda la información que junté en este tiempo.
Me parece que es lo correcto porque de hacerlo de mala gana, hacerlo sin ánimos se nota y hace un buen trecho que se me viene notando. No quiero tener una mala relación con vos. Este laburo es tan personal y pasional que sino estás con uno sos su enemigo y no quiero eso, para nada. Quiero estar bien con vos y que aunemos nuestros saberes e inquietudes en un mismo sentido y que no nos pisotemos mutuamente, creo que ese es un error bastante común en el arte y la verdad es que hay que luchar contra los que no quieren arte.
A nadie le importa el arte en realidad, mucho menos el teatro, las inquietudes, sólo a los que lo hacemos y yo tengo deseos de hacerlo y hacerlo para mi, para compartirlo, no para los halagos.
En fin.... me fui mucho de tema jajaja pero nada puede que sea cobarde esta forma, a mi me sirve para pensar en frío y no andar aclarando o quedándome pensando. También para bajar la agresión, no hablo y cuando hablo soy agresivo sin razón, porque no encuentro la forma correcta de argumentar y voy al cuello. Lo peor es que la mayoría de las veces no quiero eso sino todo lo contrario pero busco provocar... a veces sirve otras veces está de más y lo menos es más.

jueves, 16 de octubre de 2014

Es extraño

Es extraño que eso que no podemos nombrar se mezcle con el agua de la ducha. Aun más extraño y confuso es que ya no tenga cuerpo y que sea una más o todas esas gotas cayendo infitamente desde esa catarata desgajada. Golpéando y volviendo a caer una y otra vez.
Sin proponermelo me vuelvo cuerpo nuevamente, cuerpo mojado, tirado, alejado de mi mismo y mi historia en años luz. Soy aquel que fui, que injurió a una mujer que no conocía. Soy otro nuevo que paga las culpas de un otro viejo que no tiene memoria. Soy ese al que una mujer le teme en ocaciones, con el que se desquita golpeando. Pero él, ese, el otro, yo aun sin saber el porque lo padece.

Sonrisas

Tinta electrónica cae sobre papes electrónicos, recordando sonrisas reales.

Recuerdo los poemas leídos entre el humo del porro que nos facilitaba la risa. Los planes, las plantas, la observación de los detalles, del arte, de los objetos inútiles de diseño.
Recuerdo el deseo agazapado, la respiración agitada, los besos negados, el rechazo directo.
Recuerdo la culpa por rechazarme, el mimo, nuestras lágrimas, tus sabores, tus gemidos, tu cara de sexo, tu cara de deseo, tus insultos sutiles, tus daños pequeños que me mortificaron.
Recuerdo a Girondo, a la música, mis planes para abordarte, tu corazón en mi pecho, el teatro, las máscaras, las clases, el sueño, tu piel suave. Tu perfume con cigarrillo, recuerdo tu cuerpo en mis manos, recuerdo el árbol que vimos respirar.
Recuerdo tantas cosas que no tengo ganas de soltar.

Tratado para un recuerdo

Me pregunto si alguna vez recordaré todo esto que escribo. Recordaré que se lo escribí a una tal Maira, a una amiga que amé, con quien compartí tanto. Ahora tengo miedo que lo lea, de que se vuelva demasiado público... el fracaso en público es doblemente humillante.
Pero es así no sé si quiero perderlo o dejarlo en mi por siempre...
¿A qué te podés acostumbrar?
Nos acostumbramos a todo, la memoria se va adaptando, hermano. ¿Te acordás de Marianela? Hace mucho tiempo que la superaste, que dejaste el recuerdo tranquilo, curaste las herías... no con tanta maestría pero están mejor. Heridas autoinflijidas.
Acordate también de Letizia, que te hizo tanto bien, que cojieron como animales porque ella no te ponía freno, que te dio mucho cariño. Sí, que me dió. A mi, no soy otro.
Marina que no se entregó porque te leyó, es tan fácil leer a otro cuando está desnudo a tu lado.
Aprendí muchas cosas tantas que no creo poder verbalizarlas: no lastimes, no tomes poder sobre quien te quiere y no quieras evitarle el dolor porque lo vas a lastimar peor.

Adiós y buen viaje.

Somnolencia

El tigre es ojos sin secreto, una verdad ahogada en el cuello.
Seguiría durmiendo, creeme. No sé qué estoy haciendo.
Tal vez y sólo tal vez agonía y esperanza sean sinónimos.
Sé que tus ojos son sinónimos de sueño. Quizás por eso quiera seguir durmiendo... porque están allí conmigo sin estar y sin que tu presencia me duela.
Tu cuerpo de ensueño todavía no lo he creado, tan sólo en fantasías. Pero fue, se voló como hojas marchitas... no se van. Se amontonan como los deseos en un rincón del cuarto.
Desarrollé un placer especial por dormir con piedras sobre el cuerpo, no te confundas, no es una tumba. Las piedras se calientan con mi calor. Me siento menos solo.
Dormir, dormir. Somnolencia. Seguiría durmiendo, creeme, para no pensar en vos, para no dedicarte estas pocas pero copiosas palabras.
Siento perfume a jazmín. No hay ninguno.
No sé que hago en casa, no sé si elijo bien... no sé como ser determinante con mi decisión. Dormí como diez horas y seguiría.
Narcosis eterna ¡Que ganas! Me tiemblan las manos de sólo pensarlo, me tiemblan los ojos, se me caen los párpados y salgo volando como flecha a ese paraiso de verde, a ese rincón de los abrazos donde un cuerpo tuyo me aplasta, me sonríe, se deja caer pesado sobre mi. No es una piedra, es una montaña. Me respira en el cuello, el perfume y el sudor se confunden y esta vez no me punzás con frases dañinas y ésta vez no tengo miedo de tocarte, de fallarte, de hablarte.
Un paraíso con gusto a frutilla y flores marchitas llenas de color, como tributos a sus escalones, a sus círculos de piedra.
Una madrugada bailaste sobre mi premonitoriamente, para no caerme en la oscuridad helada del cuerpo me aferré a tus tetas, a tu boca. No pude sostenerme por siempre... caí a eso de las cinco de la mañana.
Vida acopiada en un rincón de mi, que no puedo sortear.

Agua.
Arena.
Puente.

Ahora los párpados cáen y vienen con un susurro gentil y mortificador: La esperanza es el peor de los males.

miércoles, 15 de octubre de 2014

El cuerpo está aquí - Foucault

"... Hacer el amor implica sentir que el cuerpo propio se cierra sobre si mismo, que por fin se existe fuera de toda utopía, con toda la densidad de uno entre las manos del otro: bajo los dedos del otro que te recorren, tu cuerpo adquiere una existencia; contra los labios del otro tus labios devienen sensibles; delante de sus ojos entrecerrados tu rostro adquiere una certidumbre, y hay por fin una mirada para ver tus pupilas cerradas. Al igual que el espejo y que la muerte, el amor también apacigua la utopía de tu cuerpo, la acalla, la calma, la encierra en algo asi como una caja que después sella y clausura ; es por esto que el amor es tan cercano pariente de la ilusión del espejo y de la amenaza de la muerte. Y si a pesar de esas dos peligrosas figuras nos gusta tanto hacer el amor es porque, cuando se hace el amor, el cuerpo está aquí."
Michel Foucault

No puedo ser tu amigo

Sin percatarme de que forma exacta, camino. Voy andando por una calle que creo conocer. Conchilla y tierra algún árbol lindando la casa que está a mi derecha. ¿Qué hay delante? ¿Qué hay detrás?
Una casa a mi derecha.
Parece un caracol, o mejor dicho las paredes que anteceden a las rejas de entrada tienen la forma de la proporción aurea. El suelo una vez que se cruza es de baldosas blancas. Las paredes abiertas, que encierran la casa, se abren dos veces: una de las aberturas es grande, como si fuese un garage y la otra es más pequeña. Me acerco y veo que la casa tiene rejas verdes, que tiene una ventana muy llamativa, parece acogedora, tiene plantas con flores rojas en macetas, tiene un pequeño porche con un pequeño camino, un perro y un tigre. Los guardianes.
Me acerco más y esquivo una copa de vino tinto que está en medio de la abertura grande. Ahora, me encuentro en ese punto intermedio entre las rejas del paredón caracol. El tigre me mira, ni bien ni mal. Me mira. Me impresiona, se hace respetar. El perro está al lado, a su izquierda, es negrito flaco, parece de la calle.
No me atrevo a acercarme más a la reja, algo me rechaza, o no me deja entrar. Siento esa fuerza magnética, ese fluir invisible. Quiero salir y la copa de vino no me lo permite. Sé que no puedo tocarla. Parece enorme, del tamaño de un niño, es una presencia viva. La fuerza invisible se hace cada vez más notoria, no puedo salir. Soy consciente de mi estado de somnolencia. Sé que no puedo despertar. NECESITO despertar.
Entre insultos y zamarreos despierto. La vela está ahí y continúa ardiendo.