domingo, 6 de abril de 2014

Oráculo de Ferrum

Creo que me habla el baño.
No todo el tiempo. Es todo un ritual. Comienza temprano por la mañana, me levanto a las seis de la mañana. El despertador me acomete el sueño y yo a tientas acometo a mi cuerpo para levantarme. Cuando lo consigo entonces paso a ducharme, luego desayunar. Me voy.
Entreno, ensayo o hablo. Quiero decir que soy productivo. Me voy.
Hago un rato de sobrino, nieto, primo... hago un rato. Pocas palabras. Siesta. Despertar con menos trabas. Café con leche tibio, casi frío en la mesa de la sala iluminada naranja fresca apestada triste, sombría. Me falta el aire. Tomo el café con leche. Me voy.
Ahora puedo hacer varias cosas... a veces vuelvo a veces no... casi nunca vuelvo. Paro. Paro por ahí, en la casa de alguien, soy como un vago. Paro.
Pienso en ella, en ella como alguien universal, como el amor en general. No. ¡Mentira, mentira, mentira! Pienso en ella. No me gusta pensar en ella, no me hace bien pero así y todo pienso en ella, tal vez sea el componente mágico. Me acuesto a veces en un colchón compartido, otras sobre alguna manta. En ocasiones en una bolsa que... explicame por qué, te juro que no lo entiendo, pero la mayoría de las veces aparezco durmiendo con el cierre de la bolsa bajo... un frío.
Así entre la vigilia y el sueño por unos segundos el baño me habla... ¡No para un segundo! Es verdad que no le comprendo ni la mitad, pero el insiste. Como un oráculo de agua no se detiene su murmullo de cuerito flojo.

No es extraño, es su hacer habitual. Extraño es que siempre diga lo mismo. Entre gota y gota se deslizan las húmedas palabras. Palabras mágicas, secretas, ocultas y acuosas.

- Tuq tuq tuq Ol.. tuq tuq ...vid tuq ...o.

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