sábado, 7 de diciembre de 2013

El extranjero

Estoy exiliado de tus brazos, soy un extranjero en el amor.
Tenia una patria, que ahora no está. Flores secas en mis piernas, flores muertas, sin perfume, sin color.
Todo lo que tengo es aire.
Quisiera abrazarte, sentirte, fundirme. Desearía que fueras mi agua, el exilio es un largo desierto.
Desearía habitarte, recorrerte como solía recorrer mi tierra.
Soy exiliado de tus abrazos, de esos abrazos del encuentro casual, de esos besos tímidos en el cuello desprevenido. Un pequeño amor de extranjero.
Todo lo que tengo es fracaso, soledad.
Todo lo que tengo es aire. Aire viciado que me infla el corazón, que bombea para que pueda seguir caminando, con los pies desnudos y curtidos por este largo arenal, bajo un sol frío adherido a un cielo garabateado con crayones de un celeste cobarde.
La luna no sale nunca. La noche no me refresca los huesos por la noche, porque no hay noche.
La poesía me brota de la boca seca y me corta los labios. Misteriosamente no sangro.
Misteriosamente ni aire, ni sangre, a penas uno o dos granitos de arena.
Duelen las cortadas. Misteriosamente no lloro. Secos los ojos duelen, rasgados, los pinto.
El color marcado por la ausencia. El cuerpo marcado por la ausencia, el abandono, la ausencia nuevamente.
Extranjero, buscador... guerrero tercermundista y pobre. Con los bolsillos llenos de aire, flores secas, fotos viejas y pelusas... rico en pelusas, aire y arena.

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