lunes, 2 de septiembre de 2013

Diáloco

Compresión cero.
El diálogo tácito, mudo, sin gestos.
Diálogo unipersonal, universo. Solo. Hablo solo. Ni si quiera me respondo o juzgo.
Temas hay que no se conversan, que sólo se hacen.

Tengo un loro sobre la heladera, un loro negro y redondito... bien parece un pingüino, es cierto. Quizás sea mejor definiro así, como otro tipo de ave. Lógica pura, la que me obliga a nombrarlo como loro y no pingüino. Bien puede haber un loro en mi cocina, sobre mi heladera pero no un pingüino.

- La idea rodó por mi cabeza todo el día -

Calma.
Que todo un renglón, una página se cubra con esa pequeña palabra: Calma.
Gargantas que te tragan, calma.
Calma, con el cielo en las manos.
Tormetas de ojos, frutos amores, millones, miles de personas. Infinito querer.
Análisis cuando estoy lejos, calma cuando estoy contigo.

Compresión cero tendiente a uno. Tender a la totalidad del ser ¿Qué más?
Diáloco.

Blanco y negro el loro, gordito, con su pico anaranjado y sus plumas por cejas. Me mira. Soy una estrella para él, pequeña estrellita ante sus ojos negros... sin embargo soy hermoso.
No aparta sus ojos. Fijos. Sobre mi.
Soy una piedra.
Cortado - entre cortado - el cielo aparece desgarrando el techo, las maderas se esfuman quebrándose mientras que el loro abre sus pequeñas alas lampiñas. Todo luna. La luna embebe los sentidos. Como un reflector el loro se proyecta sobre el cielo, vuela, volamos.

Una pequeña palabra, sobre un gran papel de luna colma mi cuerpo:

Calma.

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