martes, 4 de septiembre de 2012

Algo que pensaba no contarte


La verdad es que no tengo ganas de dormir.
Tengo miedo. Miedo de que me atrape ella... ella que lo es todo y nada. Nada.
No quiero abrazar la almohada una vez más con la ilusión de que está conmigo, abrazándome también.
Tengo miedo de ser un idiota. Miedo de realmente ser una persona despreciable.
Me atemoriza pensar que mi humor no es tal.
Me acojona pensar que no quiero dormir porque tengo miedo de que ella me vuelva a llevar hacia su fantasía.
Tengo miedo de no volverla a ver... pero entiendo que estoy desesperado y que no pienso con claridad.
La habitación se oscurece si miro demasiado tiempo hacia un punto fijo. Los párpados están pesados, quiero acostarme y abrazar la almohada para sentirme un tanto estúpido, un tanto querido.
Se me caen los párpados a las cuatro treinta de la mañana; mañana encima a las ocho arriba... voz, actuación, curso y luego sacar fotos... encima me dormiré en el suelo, sobre un incómodo colchón, vestido, apuñalado por el frío que no es mermado por un pequeño, y chotísimo, caloventor...
Tendré que dormir, no puedo ni adivinar las letras ya. Se gesta el frío en mi habitación y con él el sueño, la sensación de cansancio e incomodidad se acrecenta, cada vez necesito más ese abrazo ficticio que me llevará a recuerdos empolvados en el tiempo, de ahí a fantasías... a partir de ese punto no quedarán pasos ya, para castigarme a mi mismo y verme como un gordo feo, pelotudo y desesperado que no sabe manejar las relaciones humanas... un gordo, tan tan... obeso, desesperado, muerto de miedo de quedarse solo, tan harto de que nadie lo llame, tan endemoniadamente cansado de volverse solo todas las noches y que nadie pregunte por él y él ahora sabé... Mirá como me desvinculo usando la tercer persona, ¿no?
Ahora sé que soy un angurriento, que en lugar de comer engullo a las personas... el hambre se acumula, la soledad también. Entonces como una fiera, cautivo de la gula se lanza contra aquellos amigos y se los come un bocado, a toda velocidad, vociferando veintenas de palabras por minuto. Tirando chistes pausados, pausas idiotas, sin sentido... sin ningún atractivo para el oyente. ¿No aprendiste nada de la actuación?
Ahora sé que no termino de ser... que el jugar a ser otro me permite terminar de expresarme, descubrir movimientos que otros no harán en toda una vida, explorar sonidos con los que otros no sueñan... realmente me completa, me saca de quisio a la hora de resolver problemas, realmente puedo jugar a ser querido y buscado, olvidando momentaneamente mi mediocridad.
No sé si esto pretendía ser una nota de disculpas o simplemente un "relato"... diálogo... interno creo que se llamaba a esto. Ahora no recuerdo... pero la verdad es que no tengo ganas de dormir.
Tengo miedo... tengo mucho miedo, de hartalos a todos, de aburrirlos a todos...
Cansado de que no me busquen... el miedo se despertará y terminaré accionado de forma incorrecta y molesta.
Es verdad que estoy cansado, es verdad... es cierto... que son casi las cinco de la mañana... es cierto que tengo miedo de no verte nunca más, de perderte, de que ya mi voz no sea oida, ni por mi mismo.
En un instante me cobijaré, sobre el colchón desnudo y apoyaré mi cabeza sobre la almohada vestida con ropas para lavar... ausente la sábana no me separá de la frazada. La sábana fría no me abrazará mientras abrace yo, a la almohada.

1 comentario:

  1. Leete esto y quedas culo pa rriba. Muchos padecemos lo mismo parece

    http://mural.uv.es/jocaji/pessoa.html

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