viernes, 27 de julio de 2012

Pampa

Se oyó el crack, cuando el áspero
capitán incrustó su pata artificial, en un natural
hoyo... de la tierra que lo tragó.
El futuro no fue creado para él, dijo el paisano
que nunca antes vio, un pirata en plena pampa.
El barco llamó su atención, hundiéndose en medio
de la provincia de buenos aires.

El paisanito renunció a su cabayo que se hundía por igual,
compasión de medio de transporte. Un precioso arreglo
de letras y sonidos, se dijo mientras el capitán
maldecía al señor.

Arriba mío, vive un supuesto viejo barbudo, que todo lo sabe
que lástima que nunca haya existido ¿no es así cristiano?
Pero la civilización prácticamente se basa en la creencia
de que arriba mio vive un viejo barbudo.

El capitán se hunde en la tierra, metáfora de no entender.

jueves, 12 de julio de 2012

Monólogo del pajero

Disparame algo. Directo, acá, al cuore... que más da si no hay para los puchos, tampoco para el tren, el subte o el telo. No hay nada, ahí, acá, allí. Nada de nada. La pobreza absoluta tanto en besos como en metálico.
Te dicen que todo es una elección, que todo lo elegimos, pero si mis deciciones son TAN importantes y eso marca mi vida significa entonces que las de los demás no cuentan. Me cansó el soliloquio, el monólogo del pajero termina con la mano húmeda y el corazón seco, de los labios ni hablar... porque la lengua está muerta desde hace siglos.

domingo, 8 de julio de 2012

Decimales

¿Qué dije antes y qué dije después? La perspectiva nos fulmina, porque no sé siquiera donde estoy con completa certeza. Tampoco sé quien soy por entero, por lo menos en este mismo instante no podría describir mi totalidad, porque esta, es como una mujercita tímida que se esconde del sátiro en el bosque. Ese sátiro no es sino el control... ese sátiro soy en este momento de análisis... hasta que pase a otro tema y me vuelva otro y pase a ser esa mujercita, que no es sino otro árbol en el bosque. Yegará el momento en que seré otro árbol y otro hasta que por fin me de cuenta que no soy ni lo uno ni lo otro. Aquí el uno y el cero no valen. Somos todos decimales.

Fiesta de cumpleaños

Siento como por mi garganta para el tibio, pero refrescante líquido. Las pocas burbujas que le quedan estayan entre mi lengua y mi paladar duro, arden.
Siento como el azúcar, espesa por la temperatura, baja por mi garganta. Un veneno que me engorda.
Al pasar la lengua por la comisura de mis labios siento la hueya de los chizitos, los manices y las papas fritas. Sobre mi vestidura pueden verse vestigios de ese efímero paso, de ese vuelo que propocionaron mis manos desde su efímero reposo en una compotera de vidrio o metal hasta mi boca. Atrás quedaron ya los palitos que siempre se toman últimos, pero se comen igual, como si nos obligaran a ello.
La fiesta de cumpleaños pasó, pero todo ese papel picado, esas maracas con sus formas azarosas, ese despilfarro superfluo de dinero quedará guardado en la bóbeda temporal de nuestra memoria, por un año hasta que el ritual se repita así mismo. Pero si bien nuestra memoria es limitada, el cuerpo no y todas esas calorías innecesarias quedarán alojadas en nuestras barrigas, nuestros mofletes, colas, muslos y brazos por varios años hasta que un día no seremos más que la memoria andante de las muchas festividades que hemos pasado y será ese el momento en que nuestros kilos, nuestra grasa insípida que aleja a posibles parejas, esa misma grasa nos recordará los bellos e insignificantes momentos pasados con nuestros seres queridos, con nuestra familia.