sábado, 28 de abril de 2012

Rojo


La calle se tiñó de rojo, rojo furioso, rojo vida. Se descongelaron de odio los corazones.
Al mismo tiempo todos. Al mismo tiempo sístole.
Los adoquines tibios, pegajosos y ocultos.
Ocultos tras la ropa.
Ocultos tras la carne.
Ocultos tras los órganos.
Ocultos tras los huesos.
Al mismo tiempo diástole. Al mismo tiempo ocultos tras las almas que huyeron.
La calle se tiñó de rojo, se tiñó de muerte la vida.
El rojo que se escarcha por el frío mientras que... en el
piso más alto, del señorial lujuso territorio circundado por el río. Ahí.
Exactamente allí. Ahí.
La calefacción a la justa temperatura y las líneas que marcan el camino.