martes, 10 de enero de 2012

Refigio (ALT)

La basé. Respondió.
La besé. Ahora. Fue una una máquina. Abrí los ojos, sin duda era una máquina, fría distante. Los ojos muertos. Buscaban la huida. Me odió y se odió así misma, por estar en esa habitación, en esa cama, conmigo.


Tonteamos un poco más, tendidos, en la catrera deshecha, acostados sobre el plástico tibio; mientras el colchón lentamente caía hacia la derecha, datos irrelevantes. Estando abrazados la tocaba, fui apasionándome hasta que no pude contenerme más - siempre me ocurre - y la besé. Una pequeña victoria que hizo surgir desde abismo en mi pecho, desde mi verga, el valor. La garré de los pechos, mientras le besaba el cuello y mordisqueaba el lóbulo de su oreja, jugando con su arito, le apreté las tetas; luego desabroché su camisa, seguí tocándola y vislumbré sus pezones erectos a través del encaje de su corpiño. No podía reprimirme más. Lamí y mordí sus pezones, gemidos tímidos. Presioné los pezones con mis dedos, poco... un poco más... un poco más fuerte.
Vertiginosamente con una mano desabroché su pantalón y la miré...
La vi.
No puedo acordarme exactamente, con franqueza, de su expresión... pero el conocimiento fue instantáneo: Terror. Abroché su pantalón.
Recostado, abrazándola. " Perdón. No es por vos." Dijo con una voz entrecortada.
- Ya sé.
- Es que tengo problemas.
- Ya sé.




El tiempo se movió un poco, quise jugar... probar suerte, fortuna, el azar, el porvenir, la sombra, el destino... la fatalidad. Así que le di un beso.
Y otra vez estaba lejos, con los ojos muertos buscando el escape.

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