sábado, 24 de abril de 2010

Juegos Nocturnos

Abrió los ojos como todas las mañanas o tardes o noches. Quieta en su cama observa el techo, a veces brillante con juegos de sombras que parecen invitarla a jugar. Otras oscuro, tan oscuro como un bosque sin luna y sin otro juego más que el de perderse en al infinidad. De pronto entre pensamientos y distracciones aparecen dos grandes ojos ámbar brillantes y vivos.
Pero la vida continua, se levanta de su cama, se sienta al borde y contempla sus desnudos pies, piernas y pechos. Por su memoria pasa un leve recuerdo de la primera vez que durmió desnuda. Saltó de la cama y con vergüenza cubrió sus pechos, con sus manos, y su entrepierna. Despreocupada recordaba y una sonrisa se dibujaba en su rostro, su mejillas coloradas.
Se miraba y admiraba, como si fuese un joven que ve por vez primera a su amada desnuda. Es que ella no comprende quien es, qué es, simplemente son piernas, pies y pechos hermosos. Lentamente se pierde en un espacio, universo de pensamientos sobre la belleza de lo que ve o vio, de sus sentimientos y lo relaciona con un millón de vivencias propias y ajenas, tal vez hasta de seres desconocidos e inimaginables.
Sin pretenderlo da comienzo a su propia búsqueda en ese espacio estelar lentamente los recuerdos o ideas o vaya a saber qué imágenes acuden en su ayuda: Una bella mujer joven rubia, morocha o pelirroja, no importa, lo que la cautiva son los ojos y la sonrisa. Siente, sabe o presiente los pensamientos en ese instante. Hace poco estaba frente a la cama ahora solo frente a una joven a quien solo le ve el rostro.
Los ojos y la sonrisa, los ojos y la sonrisa…no, no es el color, no es la forma, no son los labios o los dientes. Es la mirada, el sentimiento que le transmite es la paz, el amor y la pasión de esa mirada. Ahora lo comprende, ahora las palabras no importan y no se habla, solo hay entender y paz. La imagen cae y se destruye. El espejo, con él la imagen. Ya no hay pechos, ni hermosas piernas, ni miradas con sonrisas. Una negra e infinita pantalla, o cinta, que no es tal es lo único que hay y ni siquiera ello.
Abrió los ojos como todas las mañanas o tardes o noches, quieta en su cama con los dedos húmedos entibiándose sobre su vientre.

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