sábado, 24 de abril de 2010

Espejo, espejito


El mundo se detiene aquí, por lo menos para mí. Frente a este gran espejo antiguo, tan padre como el tiempo; esa
división imaginaria entre un lado y el otro. No hay más que unidades complejas, pero continúan siendo unidades.
Separaciones de un mismo cuerpo, de una misma mente, quizá la perspectiva lo cambia todo, pero continuará
inalterable la percepción habitual hasta que seas capas de elevarte aun más. Hundirte aun más en el océano infinito
del misterio, del cual eres parte, pues eres una gota.
El mundo se detiene aquí, por lo menos así es para mí. Frente a este gran espejo antiguo. El miedo, el temor me
paralizan físicamente, pero mi cabeza sigue concibiendo ideas. Malditas nueves eléctricas dentro de mi ser que
afectar la percepción habitual.
Pero un solo momento basta para cortar la línea de actos habituales, entregarme a vicios, para toparme con mi
conciencia “anormal”, conciencia acrecentada, ya que no solo percibo lo que tu ves sino que puedo ver más allá de tu
piel, de tus ideas, de ti.
En una instancia ya todo cobra sentido, absolutamente todo, desde la dirección del viento hasta los años de mi niñez
se han organizado para hacerme tomar esa decisión, esa elección a ese camino preconstruido y hasta ya lo he
transitado en años futuros. Es el pasado que depende del futuro y el futuro que depende del pasado. Es una relación
extraordinaria para el tiempo, que no es línea, ni círculo, es solo una forma de percepción de nuestro
envejecimiento, de nuestro crecimiento. De nosotros mismos.
De pronto atravesé el espejo y ya nada parecía importar.

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